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domingo, 5 de mayo de 2013

No a la venta


En esta entrada me gustaría comentar y reflexionar sobre un documental llamado ‘No a la venta’, el cual me ha parecido bastante interesante. Está producido por una asociación llamada el Observatorio de la Responsabilidad Social Corporativa formada principalmente por ONGs, sindicatos y organizaciones de consumidores y, por tanto, nos puede proporcionar una visión más objetiva y menos influenciada de la realidad de las RSC. 



El documental nos muestra de forma crítica el papel de las empresas en la sociedad y el comportamiento que éstas deberían tener en relación a su entorno. Para empezar, es un hecho que el poder de las empresas va incrementando mientras que el de los gobiernos e instituciones públicas decrece, debido a que las empresas operan internacionalmente mientras el poder de los estados normalmente queda restringido a territorio nacional. Los problemas que esto puede causar son la despreocupación por el colectivo y los ciudadanos. Los estados no tienen capacidad para influir sobre las empresas y éstas actúan en beneficio propio, es decir, subordinan el interés del colectivo al interés del capital, tomando así el poder y  en consecuencia;  han convertido el mundo en un negocio. 

Actualmente, muchas empresas públicas están pasando a ser gestionadas por privadas, llegando hasta tal extremo que incluso se están privatizando los servicios militares. 

Un ejemplo de esto es la guerra de IRAK.  Es de gran interés para las compañías ya que los países que participan en ésta están dotados de grandes cantidades de petróleo. En esta guerra se ha corroborado que hay un ejército gestionado y capitalizado por diversas empresas estadounidenses, pero no es un caso aislado; Chiquita Brands, empresa dedicada a la comercialización de bananas en Colombia, se caracteriza por la corrupción y el lobbismo extremo. Ha financiado un grupo militar en Colombia con el objetivo de abrirse puertas y poder comercializar cocaína e incluso ha llegado a sobornar a las autoridades portuarias para dedicarse a otros negocios ilegales. 

Como podemos ver, parece que la ética y el mundo empresarial no van demasiado de la mano. La primera regulación por la que deberían empezar a cumplir las empresas, como todo ciudadano, es la de pagar sus impuestos, pero como he comentado anteriormente, las grandes multinacionales operan a nivel internacional. Esto les proporciona grandes beneficios a la hora de evadir impuestos, muchas de ellas crean sociedades, por ejemplo, en las islas Caimán como método para eliminar la responsabilidad de la central, aunque otro de los objetivos es para ocultar negocios clandestinos que no les interesan que salgan a la luz. 

El papel del consumidor en todo esto es muy importante, ya que si nadie consume el producto la empresa no existiría; cada vez el consumidor tiene más presente que las grandes corporaciones juegan un papel fundamental y que deberían ser vistas como un ciudadano más. Actualmente, las empresas ya no venden solamente productos y servicios sino que ofrecen un estilo de vida, que las hace estar más involucradas con su entorno e intentar evitar todo tipo de escándalos para evitar pérdidas económicas. 
Como el consumidor le empieza a dar importancia al comportamiento ético de las empresas, éstas han actuado de manera muy audaz. Se preocupan por ser un “buen ciudadano” en los países del primer mundo pero siguen haciendo actividades no éticas en países en vías de desarrollo y en los subdesarrollados.  El porqué, tiene una sencilla explicación, sus principales consumidores están en países desarrollados dificultando de este modo las noticias nocivas sobre la situación en los países en vías de desarrollo, se ocupan de influenciar las noticias y provocar un lobbismo feroz para que estas actividades “menos legales” no salgan a la luz o al menos sean lo más opacas posible.

Luego, cuando ocurren tragedias como la actual de Blangadesh en las que están involucradas industrias textiles, intentan que sus nombres aparezcan lo menos posible y mantenerse en el anonimato. Otro ejemplo es la empresa Shell, una de las cuatro empresas que dominan el panorama petrolífero actualmente. Shell actúa con una maquinaria tecnológicamente muy superior e intentando contaminar lo mínimo en los países de occidente, pero cuando vemos su actividad en otros países fuera del primer mundo la situación cambia por completo. 

Podríamos decir, por tanto, que las empresas disponen de dos caras: la que quieren mostrar a los consumidores y la cruda realidad, es decir, desarrollan una imagen basada en la ética y la responsabilidad pero en realidad lo único que les preocupa es su propio beneficio. ¿Dónde quedan las RSC? ¿Las RSC solo están presentes en los países de occidente? ¿Entonces son realmente RSC o simplemente son otro mecanismo para ganar legitimidad y beneficios? ¿Deberían regularse de manera internacional la actividad de las empresas?

Eva Ruiz Hernández


1 comentario:

  1. Totalmente de acuerdo contigo Eva... las preguntas que planteas al final son de gran relevancia en el contexto actual. Agrego una pregunta más al debate, ¿cómo podemos los consumidores ejercer nuestro "poder" frente a prácticas irresponsables de las empresas?

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