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martes, 7 de mayo de 2013

"La Doctrina del Shock" de Naomi Klein


El concepto de Responsabilidad Social Corporativa es muy amplio ya que se puede aplicar a todo tipo de organizaciones, instituciones y empresas, como ya hemos visto. Hablando de contribuir al bienestar de la sociedad y favorecer el entorno económico y medioambiental, nadie dudaría de que los Gobiernos son los principales interesados en integrar este concepto a su día a día, no sólo por su deber como líderes de un país sino también por su dependencia de la opinión pública para su supervivencia.

Para ejemplificar esto, me parece muy apropiado hablar del documental titulado “La Doctrina del Shock” (del inglés, “The Shock Doctrine”) basado en el libro del mismo nombre, en el que su autora, Naomi Klein, intenta explicar como las políticas gubernamentales radicales han conseguido dominar el mundo, no a través de la libertad y la democracia sino a través del estado de “shock”, la crisis y los estados de emergencia; como el auge de lo que ella llama el “capitalismo del desastre” se dispone como una herramienta violenta para que los gobiernas puedan saquear los intereses públicos y llevar a cabo todo tipo de reformas a favor del libre mercado aprovechando las situaciones de crisis. El Premio Noble estadounidense, Milton Friedman, profesor de la Universidad de Chicago, jugó un papel muy importante al teorizar y sentar las bases del sistema económico del libre mercado. Según el economista, citado en varias ocasiones en el documental, sólo a través de la crisis se puede lograr un cambio real y cuando esta se produce, las reacciones dependen de las ideas que hay alrededor. Milton estaba en contra del intervencionismo económico del Gobierno y mantenía que la economía es capaz de regularse sola si se la deja respirar.


Comenzando por Milton Friedman, el documental pretende explicar como sus teorías económicas se implementaron por todo el mundo, empezando por las dictaduras de Chile o Argentina de los años 70, pasando luego por Gran Bretaña, los Estados Unidos y Rusia en manos de Thatcher, Reagan y Yeltsin respectivamente, y acabando por las invasiones de Afganistán e Irak. Éste sistema económico, el libre mercado, se basa en la autorregulación, en la anulación de las políticas de protección social, la no intervención de los gobiernos y la privatización de todos los sectores.

Como he dicho al principio de la entrada, los gobiernos existen por y para la sociedad y, consecuentemente, deben intentar mantenerla contenta si quieren seguir ejerciendo su papel. Por lo tanto, todas las propuestas y acciones que realicen a cualquier nivel deben contar con el apoyo del país al que el Gobierno representa y cumplir con las expectativas de la sociedad; en pocas palabras, deben conseguir que la opinión pública esté a favor de ellas y no en contra. Las acciones de RSC que realiza cualquier empresa están siempre motivadas por un fin económico: aumentar sus propios beneficios. Las empresas saben que sin el respaldo de la opinión pública, no pueden llegar muy lejos y que un modo de mostrar su preocupación por la sociedad y su entorno es invirtiendo en acciones de RSC; y el Gobierno en este campo, busca los mismos beneficios que cualquier empresa.  Si un país tiene la percepción de que su Gobierno hace todo lo que puede en su favor, que lo escucha y tiene en cuenta su opinión, que lo protege y defiende sus valores, que se preocupa también por sus recursos y su salud y etc., entonces, ese Gobierno estará llevando a cabo acciones de RSC efectivas que se traducirán en una buena imagen y reputación.

En mi opinión, todo es cuestión de perspectivas: una acción desinteresada puede acabar siendo criticada y una acción con muchos intereses detrás puede ser alabada y percibida como inocente y muy beneficiosa. Tomando como ejemplo los casos descritos por Naomi Klein en su documental, vemos que todas las acciones destinadas al éxito del “shock económico” para la implantación de las políticas del libre mercado van acompañadas de acciones de relaciones públicas y RSC para incluir a la sociedad en las decisiones y así conseguir su aprobación. Otro ejemplo es el caso de las guerras entre Estados Unidos y Afganistán o Irak, vemos claramente como Estados Unidos justificaba su decisión ante sus ciudadanos: como una medida necesaria para la protección de su población y para poder seguir siendo una nación fuerte y unida; como presentaban a Afganistán o Irak como la “encarnación del mal” y la guerra como la lucha contra ese mal. Todos los discursos, apariciones y acciones de campaña que el Gobierno de los Estados Unidos realizó para posicionar a la opinión pública a favor de la guerra fueron acciones de relaciones públicas (y de RSC).

Pero en todos estos casos, los intereses que hay detrás de estas acciones son mucho más complejos de lo que los Gobiernos quieren dar a entender a la sociedad y sólo difunden la información necesaria para conseguir su objetivo. Queda claro que el poder de las relaciones públicas y las acciones de RSC no debe ser menospreciado por los gobiernos, pero dónde entra la ética en esta ecuación? Es legítimo que los gobiernos maquillen sus objetivos para conseguir lo que quieren? Pueden utilizar la información a su antojo, deformándola según les convenga? He aquí la cuestión.

Beatriu Boronat Berbel

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