El concepto de Responsabilidad
Social Corporativa es muy amplio ya que se puede aplicar a todo tipo de
organizaciones, instituciones y empresas, como ya hemos visto. Hablando de
contribuir al bienestar de la sociedad y favorecer el entorno económico y medioambiental,
nadie dudaría de que los Gobiernos son los principales interesados en integrar este
concepto a su día a día, no sólo por su deber como líderes de un país sino
también por su dependencia de la opinión pública para su supervivencia.
Para ejemplificar esto,
me parece muy apropiado hablar del documental titulado “La Doctrina del Shock” (del inglés, “The Shock Doctrine”) basado en el libro del mismo nombre, en el que
su autora, Naomi Klein,
intenta explicar como las políticas gubernamentales radicales han conseguido
dominar el mundo, no a través de la libertad y la democracia sino a través del
estado de “shock”, la crisis y los estados de emergencia; como el auge de lo
que ella llama el “capitalismo del desastre” se dispone como una herramienta
violenta para que los gobiernas puedan saquear los intereses públicos y llevar
a cabo todo tipo de reformas a favor del libre mercado aprovechando las
situaciones de crisis. El Premio Noble estadounidense, Milton Friedman,
profesor de la Universidad de Chicago, jugó un papel muy importante al teorizar
y sentar las bases del sistema económico del libre mercado. Según el
economista, citado en varias ocasiones en el documental, sólo a través de la
crisis se puede lograr un cambio real y cuando esta se produce, las reacciones
dependen de las ideas que hay alrededor. Milton estaba en contra del
intervencionismo económico del Gobierno y mantenía que la economía es capaz de
regularse sola si se la deja respirar.
Comenzando por Milton
Friedman, el documental pretende explicar como sus teorías económicas se
implementaron por todo el mundo, empezando por las dictaduras de Chile o
Argentina de los años 70, pasando luego por Gran Bretaña, los Estados Unidos y
Rusia en manos de Thatcher, Reagan y Yeltsin respectivamente, y acabando por
las invasiones de Afganistán e Irak. Éste sistema económico, el libre mercado,
se basa en la autorregulación, en la anulación de las políticas de protección
social, la no intervención de los gobiernos y la privatización de todos los sectores.
Como he dicho al
principio de la entrada, los gobiernos existen por y para la sociedad y,
consecuentemente, deben intentar mantenerla contenta si quieren seguir
ejerciendo su papel. Por lo tanto, todas las propuestas y acciones que realicen
a cualquier nivel deben contar con el apoyo del país al que el Gobierno
representa y cumplir con las expectativas de la sociedad; en pocas palabras,
deben conseguir que la opinión pública esté a favor de ellas y no en contra.
Las acciones de RSC que realiza cualquier empresa están siempre motivadas por
un fin económico: aumentar sus propios beneficios. Las empresas saben que sin
el respaldo de la opinión pública, no pueden llegar muy lejos y que un modo de
mostrar su preocupación por la sociedad y su entorno es invirtiendo en acciones
de RSC; y el Gobierno en este campo, busca los mismos beneficios que cualquier
empresa. Si un país tiene la percepción
de que su Gobierno hace todo lo que puede en su favor, que lo escucha y tiene
en cuenta su opinión, que lo protege y defiende sus valores, que se preocupa
también por sus recursos y su salud y etc., entonces, ese Gobierno estará
llevando a cabo acciones de RSC efectivas que se traducirán en una buena imagen
y reputación.
En mi opinión, todo es
cuestión de perspectivas: una acción desinteresada puede acabar siendo
criticada y una acción con muchos intereses detrás puede ser alabada y
percibida como inocente y muy beneficiosa. Tomando como ejemplo los casos
descritos por Naomi Klein en su documental, vemos que todas las acciones
destinadas al éxito del “shock económico” para la implantación de las políticas
del libre mercado van acompañadas de acciones de relaciones públicas y RSC para
incluir a la sociedad en las decisiones y así conseguir su aprobación. Otro
ejemplo es el caso de las guerras entre Estados Unidos y Afganistán o Irak,
vemos claramente como Estados Unidos justificaba su decisión ante sus
ciudadanos: como una medida necesaria para la protección de su población y para
poder seguir siendo una nación fuerte y unida; como presentaban a Afganistán o
Irak como la “encarnación del mal” y la guerra como la lucha contra ese mal. Todos
los discursos, apariciones y acciones de campaña que el Gobierno de los Estados
Unidos realizó para posicionar a la opinión pública a favor de la guerra fueron
acciones de relaciones públicas (y de RSC).
Pero en todos estos
casos, los intereses que hay detrás de estas acciones son mucho más complejos
de lo que los Gobiernos quieren dar a entender a la sociedad y sólo difunden la
información necesaria para conseguir su objetivo. Queda claro que el poder de
las relaciones públicas y las acciones de RSC no debe ser menospreciado por los
gobiernos, pero dónde entra la ética en esta ecuación? Es legítimo que los
gobiernos maquillen sus objetivos para conseguir lo que quieren? Pueden
utilizar la información a su antojo, deformándola según les convenga? He aquí la cuestión.
Beatriu Boronat Berbel
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